lunes, 29 de junio de 2009

Sombras burlescas

Te juro mi ama que mañana no quisiera ser tu sombra. No te enfades querida, si es que me compadezco de ti... Mañana o el viernes quisiera ser la sombra de ese personaje malvado que será quien se encargue de (infra)valorar tu esfuerzo; del que merodea de un lado a otro presumiendo de nivel entre las filas de estudiantes que nerviosos buscan la manera de intercambiar con el de al lado unas palabras de complicidad que le ayuden a completar su diabólico test. Y si fuera su sombra, mi ama, ¡ay de él, si yo fuera su sombra! Me tomaría la justicia por mi mano y nunca mejor dicho, porque me pasaría toda la hora dándole collejas, persiguiendo cual fantasma su figura rechoncha y tapona entre las butacas amarillas del aula magna, metiéndole el dedo por la oreja, tirándole de los pelos de la nariz, proyectando sombras grotescas a sus espaldas... Así hasta que se volviera loco, hasta que tuviera que salir por patas corriendo pasillo arriba mientras todos vosotros os reís y hacéis bolas con sus exámenes y se los tiráis a la cabezota. Iba a ser divertido, mi ama... y yo sé que tú me lo agradecerías. Quién sabe, igual la Sombra de Buda y yo misma mañana os damos una grata sorpresa movidas por la sed de la venganza...

lunes, 22 de junio de 2009

La sombra de Peter

Si hay alguna famosa entre el mundo de las sombras, esa es la Sombra de Peter Pan. Sólo ella logró separarse del cuerpo de su amo y, por algunas horas, ser libre. Sin embargo, no la envidio por eso. Si por algo quisiera ser ella, es por haber podido ver el mundo desde las alturas. Cierto es que, a veces, mientras Peter volaba, a ella no le quedaba más remedio que posarse sobre los tejados, sobre muros e icluso en ocasiones sobre el mismo suelo. Pero, ¿acaso no pagarías tú por recorrer las nubes o deslizarte suavemente sobre el agua? ¿O por desintegrate en el aire mientras tu amo vuela tan alto y por un cielo tan despejado que su figura no pueda proyectarse sobre nada, ni sobre si mismo, para luego volverte a reintegrar al contacto de la hierba fresquita primaveral o al calor de los pastos ardientes del verano? He ahí el encanto de la magia.

Por cierto, no os parece super romántico cuando Peter dice ¿Crecer? y coge a Wendy de la mano exclamando ¡No, no lo permitiré, vámonos al País de Nunca Jamás! ... Me encanta. Y ya cuando van volando sobre el Támesis... es que me muero de la envida, de la mala, por supuesto. ¿Acaso existe esa envidia "de la buena" de la que todos hablan?