viernes, 2 de octubre de 2009

La lluvia

Mira que la tarde estaba fea... con los chaparrones que cayeron cualquiera diría que Buda no iba rajarse a la hora de salir de casa, ¡podría encresparse su pelo dorado! Por suerte no fue así, y claro, como ella estaba dispuesta, tú no podías ser menos. Ay, qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto... Creías que la lluvia te haría echarte atrás y fue esta misma la que te empujó a quedarte. Cuando llegásteis tarde un lunes más al aula 103 quién iba a deciros que la tormenta también os esperaba dentro. Primero flojito, luego más fuerte, cada vez más y más y, al final, POROMPÓN! Truenazo. Un poco descoordinado... pero truenazo igualmente. Que de qué hablo se preguntarán algunos. Pues de qué va a ser, de un ensayo cualquiera en el coro de los locos, digo... en el coro. punto. Para que os hagáis una idea, algo así nos encontramos:

Y fue emocionante, porque las humanas que nos dan forma, que ni cortas ni perezosas habían ido con sus preciosas caras bonitas a mendigar algún crédito de libre configuración por haber asistido el año anterior, se encontraron con que no podían abandonar, con que los lunes y jueves seguían teniendo una cita, y mientras lo decidían se hicieron un sitio, cerraron los ojos y por unos instantes fueron gotas de lluvia, fresquitas, pequeñitas y luego más gordas y redondas. Y yo, más pequeña todavía, fui la feliz Sombra de una gota que viaja por el aire con un movimiento uniformemente acelerado en la caída más libre del mundo. Paralela a mí, Buda's shadow saludando a lo Ana Rosa.

Más allá de la soprano que espera con el brazo extendido a que la bombilla se enrosque mientras el mundo gira a su alrededor... Más allá de la contralto que se tiene que subir a la silla porque no llega... Desde uno y otro extremo de la sala ambas sabían que querían lo mismo. Volver.