A veces, sólo a veces, mientras los humanos que nos dan vida realizan tareas peñazo, tostón, aburridas, las sombras nos tomamos un respiro y dejamos de vigilarlos para echarnos una breve siestecilla. He aquí lo que yo he soñado hoy en uno de estos ratitos de descanso impagables:
El día era luminoso y frío. A las puertas de un gran aula, montones de estudiantes con las caras pálidas como los muertos se apiñaban tiritando con los apuntes aun en la mano, buscando el calor del grupo, del cuerpo a cuerpo... pero no lo conseguían. Algo pasaba, el frío era horrible, pero el aliento que salía de sus bocas no dibujaba nubes en el aire. Sus miradas empezaban a apagarse y todos poco a poco se iban encogiendo hasta quedarse acurrucados en el suelo como lo estaban en el útero materno.
Subiendo las escaleras que conducían al aula, aparecieron de pronto los malos. Llevaban una capa amarilla y el más malo de todos, su pelo blanco hacia atrás y su sonrisa perversa en la boca. Iban a rematarlos a todos, para eso tenían el poder... Pero entonces ocurrió algo insólito. A través del aire helado, un Ejército de Sombras se aproximaba hacia ellos. Éramos las sombras de todos los estudiantes al borde del ataque cardíaco que estaban esperando para hacer su temido exámen, hartas de sus vidas aburridas, hartas de sufrir como sufrían ellos las consecuencias de estudiar para una profesión que nunca les devolvería lo que ellos estaban entregando... su juventud... Hartas de perder nosotras también nuestro tiempo, decidimos unirnos y plantar cara al enemigo.
Después de engullirlos a todos en una nube de sombras y dejarlos trastornados para siempre, volvimos al cuerpo de nuestros respectivos amos y, con ello, recuperaron el aliento y el calor, sus ojos volvieron a encenderse y por sus venas la sangre corrió vigorosa. Felices, abandonaron el campus y se fueron de bar en bar hasta el centro, bebiendo cerveza y tapeando caracoles y montaditos de palometa con queso fresco y todos estuvimos borrachos y felices por siempre jamás.
Y ese ha sido mi sueño, amigos. Eso es todo por este triste mes de enero.
El día era luminoso y frío. A las puertas de un gran aula, montones de estudiantes con las caras pálidas como los muertos se apiñaban tiritando con los apuntes aun en la mano, buscando el calor del grupo, del cuerpo a cuerpo... pero no lo conseguían. Algo pasaba, el frío era horrible, pero el aliento que salía de sus bocas no dibujaba nubes en el aire. Sus miradas empezaban a apagarse y todos poco a poco se iban encogiendo hasta quedarse acurrucados en el suelo como lo estaban en el útero materno.
Subiendo las escaleras que conducían al aula, aparecieron de pronto los malos. Llevaban una capa amarilla y el más malo de todos, su pelo blanco hacia atrás y su sonrisa perversa en la boca. Iban a rematarlos a todos, para eso tenían el poder... Pero entonces ocurrió algo insólito. A través del aire helado, un Ejército de Sombras se aproximaba hacia ellos. Éramos las sombras de todos los estudiantes al borde del ataque cardíaco que estaban esperando para hacer su temido exámen, hartas de sus vidas aburridas, hartas de sufrir como sufrían ellos las consecuencias de estudiar para una profesión que nunca les devolvería lo que ellos estaban entregando... su juventud... Hartas de perder nosotras también nuestro tiempo, decidimos unirnos y plantar cara al enemigo.
Después de engullirlos a todos en una nube de sombras y dejarlos trastornados para siempre, volvimos al cuerpo de nuestros respectivos amos y, con ello, recuperaron el aliento y el calor, sus ojos volvieron a encenderse y por sus venas la sangre corrió vigorosa. Felices, abandonaron el campus y se fueron de bar en bar hasta el centro, bebiendo cerveza y tapeando caracoles y montaditos de palometa con queso fresco y todos estuvimos borrachos y felices por siempre jamás.
Y ese ha sido mi sueño, amigos. Eso es todo por este triste mes de enero.

no te preocupes que parte del sueño se cumplirá...no la parte de las sombras pero sí la de las cervezaS!
ResponderSuprimirjejejeje ay sombrita
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