miércoles, 18 de mayo de 2011

El porro maldito

Un día ella estaba contenta y feliz. Su amado apareció en casa y, como de costumbre, después de comer, cual bello durmiente, fue a dormir su siesta correspondiente. Mientras, ella se daba un baño. Luego hicieron el amor y disfrutaron de sus cuerpos hasta alcanzar el clímax. Y después, como ella no quitó el tapón, se sumergió de nuevo en la bañera, acompañada esta vez. Se les ocurrió fumar. Fumarse un canuto de una maría cortesía de un buen amigo. Se riéron mucho. La bañera se convirtió en barco. El capitán los llamó a la ducha y esta se convirtió en teléfono. Los pies se transformaron en trompetas, flautas y armónicas. Casi se hundieron, pero remando, remando, salieron a flote. Y de repente, un remolino de angustia vino a tragarse su alma. Ella quería salir, pero no podía. Quitar el tapón, pero no podía; lo hizo él, pero ya era tarde. Ella estaba al fondo del remolino y a su alrededor todo era angustia. Salir le costó un buen rato... él le tendió su mano y tiró y tiró de ella hasta que la sacó. Pero ahora tiene miedo a los remolinos.